El economista David Ricardo a comienzos del siglo XIX postulaba que la ventaja de un país para competir internacionalmente en la producción de bienes y servicio se basaba en los “factores de producción” que son:  la tierra, el capital y el trabajo.

A la vuelta del siglo XX los economistas Hecksher y Ohlin refinaron esta teoría  y se la conoce como “factor ventaja” (endowment factor). Esta teoría postulaba que las naciones deben producir y exportar bienes que utilizan en gran cantidad los factores que abundan localmente e importar aquellos bienes que requieren gran cantidad de factores que escasean en el país. Así por ejemplo, China produciría bienes que requieren mano de obra intensiva y Estados Unidos bienes que requieren capital intensivo.

Peter Drucker, Alvin Tofler, James Brian Quin, John Handy  y otros gurús modernos de la  eficiencia productiva y futurólogos de la economía,  afirman de alguna u otra forma que en el siglo XXI la economía estará basada en la información y el conocimiento. Más aún,  que el conocimiento no es un factor adicional que se añade a los clásicos tierra, capital y  trabajo, sino que constituye hoy día el único factor significativo y sin el cual los otros tres no tienen mayor valor. (¿No coincide esto con la cantinela recitada por nuestros dirigentes…que somos un país rico con abundante y fértil tierras, agua, energía, mano de obra barata… pero estamos siempre al borde de la miseria?).
 
En general concuerdan que el siglo XXI demarca el fin de la sociedad post-industrial y el comienzo de la  sociedad basada del conocimiento donde la fuente fundamental de riqueza será el conocimiento y la comunicación antes que los recursos naturales y el trabajo físico.
 
Es bien conocido el múltiple rol de la educación en el proceso del desarrollo. A nivel macroeconómico constituye un factor clave para el crecimiento y a nivel microeconómico es un vehículo de movilidad para salir de la pobreza.  Pero lo más notable es la relevancia de la educación primaria. Cuando se comparan las tasas de retorno individual (privada) y social,  la de la educación primaria básica excede largamente a la de las secundarias y universitarias. Así Corea y Pakistán, por ejemplo, que partiendo de igual nivel de pobreza en los años 60s, quien invirtió más en educación básica (calidad y cobertura), 30 años después obtiene una bien mayor retorno económico (Corea).
 
Y es aquí donde los maestros de la enseñanza básica juegan el rol crucial

Los maestros de este país deben ser una de las clases social-laboral más humillados por la dictadura stronista: mal pagos, amordazados, sin carrera profesional, arreados a concentraciones partidarias, etc. Con el advenimiento de las libertades públicas (para la democracia todavía falta mucho)  fueron también uno de los mejores compensados salarialmente, sin proveer ellos en similar proporción mejoría en la calidad de sus servicios. También pudieron organizarse libremente para defender sus derechos y exponer sus ideas. Sin embargo, los últimos conflictos y principalmente el referente a los doscientos días de clases han hecho emerger a luz  aspectos deleznables en un gremio de educadores: flagrante incumplimiento de la ley que estipula los doscientos días de clases, la ruindad de utilizar para la imposición de sus reivindicaciones a inocentes rehenes,  incapaces de defenderse, el escolar y sus humildes padres. Dichas reivindicaciones bien pueden ser legítimas, pero nunca comparables al derecho esencial y vital a la educación y no justifican la angustia de los padres que no tienen más opción que la enseñanza pública.

Los maestros y esencialmente los líderes sindicales, deberían mostrar más generosidad, grandeza y visión. Y mediante la generosidad y buena enseñanza ganarse la alianza de los padres en pos de sus reclamos presentes y futuros.  Con tan miopes y egoístas dirigentes de la clase educadora jamás ingresaremos a la economía basada en el conocimiento del siglo XXI.
 
En uno de los mejores e imparciales  estudios denominado “Como los Sindicatos de Maestros afectan la Calidad de Educación”, por Caroline Minter  Hoxby  de la Universidad de Harvard,  se arriba a la conclusión que en los EEUU los sindicatos de maestros impactan negativamente la calidad de la educación, sobre todo en áreas donde no hay oportunidad de elegir. En este sentido citamos las palabras del Senador norteamericano Robert Dole, ante el Congresos de Partido Republicano en 1996: DIGO ESTO,  NO A LOS MAESTROS, SINO A SUS SINDICALISTAS…  si la educación fuera una guerra, ustedes estarían perdiéndola; si fuese un negocio, ustedes estarían  conduciéndolo hacia la bancarrota; si fuese un paciente, estaría muriendo…
 
Guillermo López Flores

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